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la actualidad, la DO Utiel-Requena cuenta con 108 bodegas registradas
y el viñedo censado supera las 39.000 hectáreas. El 80 %
de las plantaciones son de la variedad Bobal, una especie
que es casi exclusiva de la Utiel-Requena y que ha pasado de ser valorada
por su cantidad de antocianos, para la exportación de graneles,
a convertirse en variedad noble de la Denominación de Origen y
producto diferenciado, genuino y revolucionario para
la elaboración de vinos embotellados de alta gama, que rompe la
uniformidad varietal española en el modo de producción que
existe en el mercado en los últimos tiempos. |
No obstante, la principal causa de crecimiento y de demanda exterior de los vinos de esta región, fue la escasez de producción en los viñedos franceses que se vieron afectados por la enfermedad del oidium, durante la década de 1852 a 1862. Tras esta crisis en los viñedos franceses, llegó una nueva plaga: la filoxera (insecto parásito de la vid que puede provocar la muerte de la planta) que arrasó la práctica totalidad de los viñedos europeos entre 1868 y 1900. |
e
la época medieval son las primeras referencias documentales
escritas sobre la vid y el vino, como es el caso del Fuero de Requena
concedido por Alfonso X El Sabio en el año 1265, es el más
antiguo de los documentos que se conservan. En él se establece
el nombramiento de «binaderos» o guardianes de las viñas
durante los tres meses anteriores a la vendimia. En las ordenanzas municipales
de Requena de 1479 se reitera la labor de los «binaderos»
y se prohíbe la introducción de vino foráneo, lo
que indica que la producción local debía ser suficiente
para el consumo interno. Del mismo modo se recogen normas en las
Cuartas Ordenanzas de la Villa de Utiel, correspondientes al
año 1514, donde se penalizaban los daños por la entrada
de ganado en las viñas y se prohibía la vendimia antes de
la fecha indicada por los justicias. Un dato curioso de la uva autóctona,
Bobal, es que ya era conocida como planta nueva en el siglo XV.La proporción entre producción y consumo se mantuvo estable durante los siglos XVI y XVII, con un viñedo muy poco extenso, ordenado en una serie de pagos, dispersos entre grandes latifundios de cereal. En este tiempo, en las villas con cosechas abundantes, la taberna formaba parte de los bienes de Propios del Municipio, cuyo Concejo la arrendaba cada año a particulares mediante subasta pública. También el Concejo o Señor fijaba la ganancia que el tabernero podía percibir por cada cántaro de vino que vendiera y el precio que le debía pagar a los cosecheros proveedores. Siguiendo la tradición medieval, algunos cosecheros podían vender el vino en sus casas, estableciéndose turnos rotativos entre ellos y avisando al público mediante una rama verde o pimpollo de pino que se colocaban en la puerta o ventana de la vivienda como reclamo publicitario. Desde la Reconquista y hasta mediados del siglo XVIII se produce un aumento paulatino del viñedo y de la producción relacionada con el autoconsumo local. Gracias al incremento de la población y a la navegación marítima, la viticultura comienza a hacerse más comercial, con la fabricación de aguardientes. Entre los siglos XVII y XVIII funcionaban una decena de fábricas de aguardientes en la comarca. |
a tradición vitivinícola de la DO Utiel-Requena
es de más de 2.000 años. Lo corroboran los diferentes
hallazgos arqueológicos como son un conjunto de pepitas de uva,
estructuras para elaborar vino y elementos de vajilla que las contenían.
El cultivo de la vid y el consumo de vino se remontan a la época
ibérica –desde el siglo VII antes de Cristo–
ya que los íberos se asentaron, entre otros poblados de esta comarca,
en el de Los Villares –conocido en la antigüedad como Kelin–,
localizado en Caudete de las Fuentes, uno de los municipios de la zona
media de la DO Utiel-Requena. Entre los íberos el vino ya era una
bebida habitual, los utensilios de esta época recogen diferentes
recipientes para beber y servir el vino como botellas, jarros, copas y
vasos. Así como del mismo modo aparecen en ellas dibujos alusivos
a la vid. Las ánforas locales de Los Villares muestran unas marcas
peculiares que hacen suponer la existencia de un vino de Kelin
y de su territorio. Estas marcas, probablemente, identificaran –cara
al exterior– el origen, contenido, propiedad, precio, etc. del vino.
De esta época también hay restos de la existencia de estructuras excavadas en la roca destinadas a la elaboración del vino. Se trata de lagares donde se pisaba la uva para transformarla en mosto y que todavía conservan los orificios donde se fijaban los postes para sostener una cubierta, ya que estas instalaciones estaban al aire libre. Cuando el vino se trasladaba en ánforas y tinajas en las que iba a ser almacenado, se procedía a colarlo, con un cedazo, para retirar las impurezas, así se aprovechaba el poso resultante como alimento para el ganado o incluso para elaborar harina a partir de las pepitas de uva. Kelin se convirtió en el asentamiento más importante de la comarca, tenía “ceca” propia donde se acuñaba moneda. Poseía así categoría de ciudad, desde donde se mantuvieron contactos comerciales con los griegos, los púnicos y con los íberos de otras regiones de la Península. Tras la llegada de los romanos a esta zona, Kelin mantiene su jerarquía pero entre los años 83 y 77 a.C. entra en decadencia. Con la cristianización, el vino adquiere un carácter sacro y aunque en la religión musulmana existen prohibiciones sobre su consumo, también hay constancia de que los musulmanes hispanos elaboraban vino y lo tomaban. En la DO Utiel-Requena existen numerosas bodegas subterráneas anteriores a la ocupación cristiana y que cumplían la función de almacén doméstico, donde también se conservaba el vino. |